Cuánto veneno

Respiras y sientes, que no hay trato

ni latido,

que la esperanza se ha ido,

que no queda razón,

ni queda nada.

Descubres que a veces,

las fieras son las que proteges

bajo tu manto de cristal,

que duele verte rota

por decir tu verdad y,

que sin duda,

mejor ciega y muda,

a tener solo soledad.

Cuánto veneno

recorre nuestras vidas…

Y el sonreír

se ha vuelto casualidad,

vestido de noche

para los besos que me acompañan,

olvido del sinfín de mierda

que aún me queda por vomitar en palabras.

Y esta soy yo,

nada traducida en nada

y dolor.

Cuánto veneno,

cuánto veneno…

Hablemos, cómo no, de mí.

Mis rizos huelen a otoño y hojas caídas, a innumerables despedidas, a grietas en el corazón. Y las miradas perdidas, de cuando aún mis ojos tenían transparencia, de cuando todos sabían hacia dónde miraba: se han escondido detrás de cataratas obstinadas, que prefieren dedicarse a contener el agua que las crea…que prefieren no ser a admitir que, aunque preciosas, son en vano.

Quizá necesite mirar con otros ojos. El cambio siempre es bueno. Me he cansado de ser sin sino, de haberlo perdido entre lo efímero de mi día a día que no llena nada, pero lo arrasa todo. Y con eso me he quedado yo, de eso he intentado llenarme inútilmente: de la nada, de lo que menos importa de todo.

Y así, he perdido todo lo que tenía por mío. Mis sueños se han visto ahogados por el vasto tiempo, por las dudas. Y cada vez me alejo más de todo lo que he amado incondicionalmente, siempre, a pesar de todo, con toda el alma.

Pero no tengo miedo, aún no han muerto, sé que he nacido para esto.

De aquella chica del aparcamiento

Déjame decirte,

que después de tanto tiempo

quiero conocer del mundo,

contigo,

todos sus recovecos,

que los tuyos

hace ya tiempo

que los recorrí enteros.

Por eso, agárrame fuerte ahora,

no sea que eche a volar

antes de tiempo.

Que ya sabes, yo

nunca supe esperar el momento.

Agárrame y en un susurro

te diré lo que todo un ‘nosotros’

significa,

lo que todo

lo puede resumir:

Te quiero.

Y tú sonríe,

haz como si no hubieras entendido,

que yo te lo repetiré

una y otra

y otra vez.

Y nos miramos,

como si fuéramos

a perdernos en el otro,

a nuestros ojos infinitos

que ven más allá

de lo que podrá ver cualquiera

en ellos.

Y veremos nosotros,

entonces,

que fuera lo que fuese,

casualidad o destino,

fue la dicha de nuestras vidas.

Sobre sonrisas torcidas hacia la izquierda

Los latidos

se me apilan en el pecho,

y éste retumba,

desbocado,

dejando mirar a tientas

el corazón que

lleva dentro.

Y cuando terminemos

de hacer el amor,

descubriremos  en un suspiro,

un grave sonido de

libertad

que, una vez suelto,

salvaje,

torcerá nuestra sonrisa

hacia la izquierda,

y calmará el corazón loco que,

inevitablemente,

no puede dejar de pensar

que el Mundo

no está hecho para nosotros.

Recuperado de cuando lo perdí y, cómo no, sin título.

Por un momento,

miro desde fuera a la gente

y les veo reír,

cómo hablan,

miran

y se esconden luego.

 

Me imagino a mí también

en su mismo lugar,

interpretando tales gestos

todos insignificantes a veces,

vacíos.

 

Y ya veis, que después de eso

de lo más banal y superficial

del ser humano,

de todo eso que vemos

y que no es ni siquiera

una pequeña parte de nosotros,

detrás de toda esa sucia

y falsa tapadera…

no hay nada.

 

Y es triste pensar que quizá

seamos sólo esto,

unas manos sucias

que sostienen una nada que,

además,

se nos escapa entre los dedos.

De cuando algo se mueve en mí cada vez que digo ‘poesía’.

Hay palabras y palabras,

casi todas malinterpretadas.

Hay palabras escupidas,

otras susurradas,

y algunas pocas (esas que no se olvidan)

escritas.

Y yo, dejadme decir

que quisiera aprender a escribir

de nuevo,

olvidar todas las palabras escuchadas,

empezar de cero.

Y así, la palabra pura,

sin significado excepto el mío,

el de mí misma,

podría atravesar con la cabeza bien alta

este blanco papel.

Y lo cruzaría sin miedo,

y mis novatos dedos

aprenderían de nuevo

a sentir por mí.

Si pudiera volver a aprender

a escribir,

volcaría mi alma (divino tesoro)

y la vaciaría

para poder colmarla luego

de todas las palabras…

de sólo poesía.

344 palabras sobre lo que ‘puede’ que haya en mí.

Puede que mañana temprano

despierte dormida,

y que el tiempo me lleve deprisa

a lugares e los que nunca quise estar.

Puede que ese tiempo mismo

me devuelva lo que perdí con él,

o que de vuelta al cetro de mi vida,

abra heridas

y muerda los anzuelos

de tu nombre otra vez.

Puede que siga siendo la misma,

aunque te hayas largado,

aunque ahora todas mis lunas se llamen

malditas,

y haya cerrado esta boca suicida

que nunca sabrá callar

de mi voz el llanto.

Pero puede también que haya cambiado,

que mi voz suene distinta,

que acompañe el desayuno

con un chorro de tequila

o que cuente las nubes que

oscurecen mis días.

Pude que mi vida

haya dejado de ser sencilla;

que los sueños rotos,

las palabras olvidadas,

todo,

pesen, lo quiera o no.

Y puede que estas jodidas noches

que se me atragantan,

en las que torturo a mi memoria,

hayan mordido mi alma podrida.

Puede que te siga recordando solo a veces,

que el dolor de tu partida me desangre,

que imagine de nuevo tu cuerpo

desarmado entre mis sábanas.

Puede que muera cada vez que pienso

que tus caricias eran falsas.

Puede que no sepa olvidarte o que,

simplemente, no quiera.

Puede que el miedo me inunde

las venas,

que ciegue con mentiras

el vacío de tu ausencia.

Puede que crea que el mundo

ha sido cruel conmigo,

que la vida ya no tiene sentido,

que me ha abandonado la única razón de ella.

~20~

Escribo sobre nada

cuando escribo sobre ti.

Sobre el viento

que mece suspiros

y trae y recoge

el aliento de otros.

Gélido aliento

que debiera ser cálido,

pero no.

Escribo sobre nada

cuando escribo sobre ti,

porque es nada lo que hay,

lo que queda

de lo poco que hubo.

(Ese poco del que me enamoré)

Es la nada lo que queda,

el vacío al que se ha reducido

el propio vacío.

~19~

Mis ojos ya no miran igual.

La ingenuidad ha ido dandome golpes

y yo, tonta, he seguido ingenua

y cayendo, callando,

tratando de escapar.

 

Mis ojos ya no miran igual.

Ya no veo más que nada en este lugar,

pienso versos y siento que lo único que quiero

es marcharme lejos,

caminar,

que cualquier lugar

siempre será mejor que éste.

 

Mis ojos ya no miran igual

y, aunque no lo hagan,

me siento estúpidamente orgullosa de decir

que del dolor y del daño

no he aprendido nunca nada.

 

Mis ojos ya no miran igual,

el es tiempo que los ha cambiado,

es el tiempo que les ha enseñado

a no mirar atrás.

~18~

Voces a mi alrededor

que son gritos,

que trato de hacer susurros.

Son voces,

voces y miradas

que miran pero no observan

y se ciñen a criticar lo poco que ven.

 

Son miradas que saben

qué siento,

qué pienso…

y todo lo demás.

 

Después de todo eso

queda el resto,

que soy yo,

apenas nada.

 

No puedo respirar.

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