Hau dena aldatu nahian

«Hau dena aldatu nahi nuke». Irati Majuelo, en la revista Argia.

«Todo mal». Pancarta vista en el 8M, 2018.

Quisiera cambiarlo todo, dejar que fuera ajeno, irreconocible. Al menos que floreciera de nuevo, o que oliera, si no hay más remedio, a niño que llora, se sorbe los mocos o se los limpia con el dorso de la manga.

Quisiera cambiar, cambiarlo todo. Reducir mi nombre a una sola sílaba. Quizá ni eso: a un alarido u onomatopeya. Para que sirva de grito de guerra o, en su defecto, de queja recurrente.

Quisiera cambiarlo todo, como se quiere el aquí y ahora cuando el amor enferma, con esa fe inexplicable en el instante.

De arriba abajo, cambiarlo todo. Norte, sur, este y oeste.

Que no quede ni una sola verdad en pie.

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El hilo rojo

Por fin puedo presentaros este poemario en el que llevo trabajando tanto tiempo. Es verdad, hace mucho que lo escribí y ya no lo siento tan mío, pero soy terca y me empeñé en sacarlo adelante. Por el cariño que le tengo y por lo que significó hoy está aquí.

Podéis leerlo, usarlo, aborrecerlo, quererlo, maltratarlo… Lo que queráis. Ya es vuestro. Y aquí queda.

Enlace de descarga: https://mega.nz/#F!i7Yy0AJJ!JimD4ep_y5O16FRbVKzQjA

El hilo rojo

On the road

“Mi casa vacía es tu casa vacía.”

Tulsa. Oda al amor efímero.

He dispuesto toda mi miseria en un escrupuloso orden lógico-cronológico de causa-efecto, para que acudas a ella siempre que quieras justificar cualquier previsión de guerra o para encontrar respuestas a un motín.

Represento sobre mi piel todas las cicatrices, para que las lamas o huyas a tiempo.

He compuesto mi sonata de invierno, la historia de esta vida que hoy, aún, es mía y mañana…qué sé yo.

Defino cientos de kilómetros cada día, cada noche. Invento palabras nuevas que nunca alcanzan. Desgasto palabras exactas como “lluvia” o “frío”. Y no hallo combinación coherente que describa el sentido de tus brazos vacíos, de mis brazos vacíos.

Aleatorio

Desconozco la autoría de esta sinopsis

que, con la excusa, ha dado con la definición

al parecer rotunda

del discurso poético

Aquel que supera lo cotidiano por su poder de transfiguración.

Me pregunto si podría conservar su figura

el dorso de la mano que escribe

si la delicada curva de tu pelvis

de la que he memorizado cada centímetro

cambia su forma

se estira o contrae

a merced de estas palabras

si la palabra “palabra” 

tiene una imagen diferente a los aleatorios signos

que la representan

si ahora, toda mi bajeza, es

frente a este público

mi nueva piel

un aullido estremecedor

el hedor que desprendo

la agónica figura del horror.

No somos nada.

No somos nada.

Ni el crujido de una silla,

ni brisa marina,

ni siquiera quemazón.

No somos nada.

Y así, sin ser,

vamos tirando,

sin quejarnos demasiado,

no fuéramos a molestar

a los presentes cotidianos

que sí ocupan un lugar relevante.

08/08/2016

El juego de Alicia.

Me caí por una alcantarilla.

Sentí el terror, la incomprensión de Alicia pero sin toda la mitología que la embellece. Me caí por la alcantarilla de la manera más patética: hundiendo mi pierna derecha, hasta la cadera, en las entrañas de una ciudad podrida. De haberme sumergido por completo hubiera tenido como guía a una rata y el ejército de la reina roja sería, con toda seguridad, un ejército de cucarachas.

Por suerte o desgracia, sólo mi pierna derecha, curiosa turista del subpaís de las pestilencias, añora su visita y se niega a reaccionar debidamente, sin arrastrarse nostálgica. El resto del cuerpo se agarró a la realidad, aunque la banda sonora (Cry me a river) se cayera, también, estrepitosamente al suelo, para dar mayor dramatismo a la escena.

Veinte y uno. 

Veintiún clavos en esta cruz:
Dos por cada ojo
Siete en el vientre
Cuatro en las palmas de las manos
Tres en el eco de la voz
Y otros tres en los dedos
Pulgar
Índice
Corazón
Respectivamente
De la mano diestra.

Veintiún clavos en esta cruz
Que atraviesan cada palabra
Conocida o reconocible
Desde la memoria retrospectiva
A todo ápice de imaginación.

Condicionan su vaivén lento
La susurrante cadencia
De la tinta sobre el papel:
Todo desgarro posible del alma.

Diagnóstico final:
Verborrea pseudopoética irreparable.

“En el momento en que el aliento se sacrifica…”Carmen Ollé.

En el momento en que el aliento se sacrifica

al más grande detalle en el amor:

un cuerpo desnudo

siento como si me abandonara el sentido de la perfección

la belleza contendría un cúmulo de defectos propicios

al escándalo:

un culo demasiado alto para una talla pequeña

muslos infavorables a sus extremidades posteriores

un abrirse donde la franja bruna señalara

la mano como un destino mudo.

 

La suciedad llega a ser el capítulo de mi existencia

que resiste a la lucidez del adulto,

el momento en que al levantarme la falda

sobrevino el castigo el miedo a la soledad

resbalar en el sueño de lo imaginado

embriagado por sus propios olores.

 

En las estampas eróticas no puedo resistir al mundo

presente con su afán de belleza inmolada

a la rectitud de las líneas

la mirada parece simétricamente posarse en

una puesta de sol

infiel al movimiento que la empuja lejos

para perderse luego en el reposo

la modelo no exige del lector en ellas

sino impotencia eterna,

lo osceno sigue siendo para mí una prolongación

de la incertidumbre.

 

La ruptura conmigo o esa enajenación de la que todos

queremos evadirnos es no poder dejar de exigir al amante

ser la presa

cuando alguien nos posee queremos que a la vez

nos conciba

toda elección es una posesión apremiante que

no nos deja dormir.

 

Alcanzo el amanecer

retroviso Lima

como una elipsis en la ruta

no hay nadie que me ofrezca un emparedado

de realidad

que no lo unte el desdén.

 

Este precioso, íntimo y arrollador poema está incluído dentro de “Noches de adrenalina” que ya os recomendé encarecidamente en un vídeo anterior.

Me podéis encontrar, también, en todos estos sitios: https://about.me/naiaestibaliz

Os abrazo fuerte.

Alter ego, Piedad Bonnett.

Ella no creció nunca tiene miedo

a lo oscuro y al triángulo que es el ojo de Dios

y al Padre que ajusticia con su voz militar llora de amor

cuando alguien acaricia su cabeza

suma mal y en los dedos

resta mal

le gusta el vientre liso de as piedras

ver por las cerraduras habla a solas

y sueña

y desearía

que el sueño fuera el día

y el día

un viejo guante al que se da la vuelta.

La otra va por ahí poniendo emplasros

compresas cataplasmas haciendo dietas

sabe dónde es Zimbawe para qué es el amonio

lee a Kant y a sor Juana

zurce su corazón con tal cuidado

que no se note un nudo en el reverso

mira crecer manchitas al dorso de sus manos

respira lento

y traga sus cuchillas.

De vez en cuando

la una se tropieza con la otra

se miran de reojo

a punto de abrazarse de decirse

la lástima la rabia la ternura.

 

Este poema pertenece al libro “Lo demás es silencio” de Piedad Bonnet, editado por Hiperión en 2003. Espero que lo disfruten mucho.