La soledad

La soledad te arropa con su manto frio, te envuelve con suavidad y delicadeza cuando ya no queda más por hacer. Si es un manto lo que al fin y al cabo te cubre, debería dar calor, ese es su cometido. Lo extiendes sobre ti, lo pones de un lado, de otro, pero no hay rastro del calor, solo frio. La sangre que antes hervía ahora se congela en tus venas, tiritas. No recuerdas donde dejaste los zapatos por última vez, pero está oscuro, muy oscuro, así que en cualquier caso, sería inútil tratar de encontrarlos.

Es tan tangible…Nunca imaginaste que fueras tú quien no pudiera salir de allí, o, mejor, nunca imaginaste que no tuvieses a nadie que te sacase de allí. Es extraño pensar como llegaste a esa situación, no lo recuerdas, y ese frío te resulta tan familiar…Y comienzan a bombardearte preguntas.  Vagamente te imaginas las respuestas. Pero todas las preguntas son persistentes, e incluso algunas retóricas y no admiten evasivas…Por lo tanto, te hundes. Lloras, preguntas, el frío, más preguntas. Te ahogas. La desesperación, tu nueva compañera.

Anuncios

2 comentarios en “La soledad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s