Lloraba.

Miré por la ventana y vi una pequeña figura sentada, una pequeña niña. Lloraba. Se apretaba el pecho con la mano izquierda y con la otra sujetaba su pequeña cabeza. Sabía llorar como las personas mayores, sin hacer apenas ruido, mostrando así aún más su angustia y desesperación. Un par de venas resaltaban en su cuello. Me pregunté qué podría hacer que una pobre chiquilla llorara de ésa forma, qué podría destruir su tierna infancia y quién creyó tener el derecho de hacerlo.

La gente pasaba sin dedicarle una sola mirada. Ella se sentía azotada por la brisa que corría y la soledad.No se movió de donde se encontraba sentada, quizá no tuviera a dónde ir. Quizá era demasiado pronto para ella, para que tuviera una oportunidad.

El tiempo pasaba lentamente y por fin anocheció. Nadie volvió a buscarla ni tampoco quisieron darle algo de consuelo.

Bajé. Hacía frío, sonreí y le invité a una sopa caliente y a un gesto de afecto. No todo estaba perdido para ella.

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