Único acierto.

Yo también quería ser constante como tú, pero ya sabes, se jodió por todo eso de las hormonas y el sentimiento de inferioridad. Luego lo olvidé y no quise querer vencer en nada, ni siquiera me esforcé por pensar, amigos.

Entonces, ahí se acaba la historia para los que se creen dotados de mentes privilegiadas. Los demás, seguid imaginándome:

La poesía me llamaba, el sentimiento de lo abstracto, lo prohibido y fuera de mi alcance. Lo supuesto imposible. Tiraba de mí más que una orgía a una Porn Star, que los psicofármacos al 6% de la población que nos rodea o, más simple aún, que la botella al borracho. Tiraba de mí y era peor que intentar hacer oídos sordos a ese pepito grillo que a veces querría aplastar. Era peor que el sentimiento de culpa, que la madurez, peor incluso que el orgullo de los eruditos autocoronados.

No pude vencer y fue por eso que os he contado de que dejé de creer en todo y en mi, porque perdí la práctica y solo era cuestión de eso. Ni siquiera pude con aquello. Patético, ¿No?.

No.

Tampoco pensé que llegaría a ésto. Me refiero a sentir la necesidad de dar cuando escribo y recibir aún más cuando leo. Nunca llegué a pensar que lo necesitara tanto, pero aquí me tenéis…colgada de palabras y emporrada de poesía en estado puro, de lo más bello que  podáis imaginar plasmado en una pantalla, atrapado.

Y entonces he aquí lo que nunca imaginé querer y tengo (o padezco, según como se mire), lo más grande que siento y no cabe en mí, el posible único acierto que he cometido, y me hace feliz.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s