El sabor amargo de la realidad.

Me he cansado de toda esa mierda de los sentimientos prefabricados, del amor a porciones ridículamente diminutas, de los saquitos de cincuenta gramos de felicidad.

Mírame, más pura que el agua mineral. Aunque en momentos como éste solo quisiera tener algo más de alcohol en vena y así, al menos, tener una excusa para pecar contigo o con cualquier otro, eso no es algo que me importe realmente.

Tampoco es para tanto, ¿no crees? si yo he sobrevivido tú también puedes hacerlo, aunque sea acabar como yo el precio que has de pagar.

Llegar a esto tan solo es cuestión de abrir los ojos cuando la vida te atiza con su puño americano, ¿sabes? Solo es mirar y ver que las cosas son más sencillas que todo lo que crees. Lo que eres no vale nada, lo que tienes y lo que los demás pueden obtener a partir de ti es lo que realmente importa.  Que sientas o padezcas no te va a hacer más fuerte. Mi solución fue, sencillamente, no sentir ni padecer, al menos evitas esa decepción constante.

Algunos pueden llamarme cobarde y aunque verdaderamente no me importe, quisiera preguntarles: ¿Porqué?; Soy yo quien ve eso que ellos no quieren ver, soy quien aún sabiendo que lo que hay no es justo, no hace nada para evitarlo, porque se ha resignado a que otros manden en su lugar, a no tener voz ni voto, a ese constante sabor amargo de la realidad.

Llámame cobarde tantas veces como te veas capaz de poder hacerlo después de abrir tus ojos, adelante.

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