En pretérito imperfecto.

Empecé a quererte porque quería escribir algo lindo. Algo que sonara a cara de niño con olor a nenuco, sobre todo con olor a nenuco. Nunca pensé que podría acabar así, aunque supongo que estas cosas no se piensan, porque simplemente suceden y no las puedes evitar. También quería hablar de lo dulces que me sabían todas tus miradas. De cómo me hacía sentirte al lado, sin necesidad de mirar para comprobar que estabas ahí. De cómo solo quería seguir viviendo para ver de nuevo ese par de ojos parpadeando constantemente o los pliegues que se formaban en tu rostro cada vez que sonreías.

Acabé queriéndote más de la cuenta y no escribí nada lindo porque a ti nunca te entusiasmó esto de escribir, y formabas parte de mí de tal manera que resultaba irreal. Cuando llorabas, cada vez, ponía tu cabeza sobre mi hombro, sin decir una sola palabra y adquiría el papel de mujer fuerte, aunque supiera que me viene grande. Luego ninguno de los dos hablaba y así nos quedábamos dormidos.

La gente siempre murmuró sobre todo esto, como si tuvieran miedo por no haber sentido nunca nada así.

Se respiraba felicidad. Bastaban las miradas.

 

Lo escribí el verano pasado, espero que os guste.

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