(Ya pensaré un titulo cuando lo termine, continuación)

II

Cada vez que te recuerdo, no puedo evitar sonreír. Tú siempre en el mismo lugar apartado, con la mirada fija en el vaso y los ojos acuosos. Siempre el mismo tono de voz frío y distante, aunque en realidad no querías parecerlo, solo que no te gustaba que se entrometieran en tus asuntos. Por una extraña razón a mi me dejaste entrar algo más a lo que se refiere como vida privada.

Me contaste que tenías una mujer maravillosa, con un sentido protector que rozaba la locura. Una hija de 21 años tan inteligente como su madre, pero demasiado ocupada en su futuro como para atender a lo que se estaba perdiendo de su presente. Y luego estabas tú, estancado en tus problemas sin solución, perdido en tus pozos sin fondo…

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