Mientras escuchaba a mi profesor de latín jurar en hebreo.

Siempre he tenido un demonio detrás de mi, comiéndome la oreja. Preciado demonio del ‘nunca serás suficiente, siempre habrá alguien por encima de ti’.

¿Por qué? Por qué, por qué…Hay tantos por qués y tan pocas respuestas para mi. ‘Tan pocas’ digo, já, graciosa la niña. Tan pocas…ninguna.

No es que me importe demasiado, la verdad. Me gusta más escribir sobre preguntas de las que no tengo respuesta o de cosas vanales que significan más de lo que uno cree creer. Prefiero eso a tener que voltear la cara, mirar a los ojos a mi demonio, querido demonio, y ponerme a escribir sobre ello, simplemente porque duele.

Mira, fíjate, me equivocaba, como aquella paloma de aquel poema de ese poeta que no recuerdo, la que se durmió en orilla de una playa y decía que se equivocaba tantísimo…Como esa paloma me he equivocado yo. Tengo muchos por qués, tantos que no los quiero ver. Son como bolsas de basura llenas de mierda, mi mierda.

Y yo me niego, saco la basura de mi casa pero no puedo avanzar más para dejarla en el vertedero y cada vez huele más a podrido. He metido toda mi mierda ahí, sí, pero ni puta idea de qué va esa mierda. Ni puta idea de qué quiero saber o no sobre ella…No sé si se están pudriendo esas verdades que duelen como puños, las mentiras, todo eso y sus por qués.

De todo eso que se supone que no me sirve de nada pero tanta gente dice que he de aprender.

Y entonces vuelvo a ver a mi demonio por el rabillo del ojo revoloteando por aquí y me dice que no, que no puedo, que no lo conseguiré, que hay menos posibilidades aún que las que yo creo, que voy a ser una muerta de hambre entre mis bolsas de basura.

No sé si será que tengo algo extraño dentro de mi, algo que me incita a seguir lo diferente, lo casi, CASI imposible. Y es entonces cuando las ganas se tornan aún más fuertes y el demonio revolotea y el anhelo otra vez y luego el demonio. Anhelo y demonio, anhelo y demonio…que se resumen en algo de esperanza por un sueño y pensamientos Bukowskianos.

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