Mi vecina del 5º C

Mi vecina del 5ºC tiene un grave problema con los psicofármacos, sabe griego y le gusta despertarse con el sonido de las gotas de agua crepitando contra el cristal de su cuarto. Ella guarda un secreto de ternura y algo de sentido maternal escondido en alguna parte de su interior. Tiene miedo a las casas oscuras, odia el olor a café y las páginas en blanco.
Mamá siempre me ha dicho que suba por las escaleras si me la encuentro en el rellano. Supongo que será porque teme que me dé un mal ejemplo sobre cómo sobrellevar la soltería a los cuarenta y nueve años.

Mi vecina del 5ºC no sabe que la observo, ni que vislumbro sus estados de ánimo mirando el compás, el ritmo y el movimiento de sus manos. No sabe que sé que no se ha casado porque tiene miedo al compromiso, ni tampoco que intuyo que su adicción huele a Rock n’ Roll pasado de moda con sabor a sentimiento de inferioridad.

Ella tiene un tic en el dedo corazón, utiliza una 95b y adora fumar sobre la taza del retrete.

Llora por las noches al verse sola, yo sé que no pide más que escuchar una breve bienvenida al entrar en casa.

Supongo que tendrás ahora muchas hipótesis de mis supuestos hobbies, pero le dedico menos tiempo del que crees. No es difícil averiguar todas éstas cosas. Si escucharas más a menudo y escrutaras los movimientos de la gente que nos rodea con algo de interés y curiosidad, lo sabrías.

También sospecho que no va a misa desde la comunión, pero cree en Dios porque quiere tener algo en lo que creer, porque es más fácil atribuirle nuestros errores a Él que tratar de resolverlos por nosotros mismos.

Mi vecina del 5ºC tiene, probablemente, muchas de esas cosas que la gente mayor admira y valora tanto, pero que no aprecian en ella por eso de las primeras impresiones. Cosas de esas como inteligencia, capacidad y devoción.

Ella ama el arte. Sus manos siempre huelen a pintura, a tabaco y a agua de fregar.

Sé que le gusta la poesía y que odia peinarse los rizos por la mañana, y, bueno, en realidad supongo que odia peinarse a cualquier hora.

Escribe versos latinos en papel higiénico y los tira por el retrete. Sus ojos siempre me gritan que ‘no son más que basura’. Y ahí tenemos un claro ejemplo de uno de sus sueños frustrados. Me pregunto quién se habrá visto capaz de aplastar lo más querido, puro y adorado por una persona. Quién se habrá visto capaz de tirar por el retrete su primer poema. Quién se habrá creído para deshacer en agua sus sueños.

Mi vecina del 5ºC odia mirarse en los espejos. Una vez me dijo, sin venir a cuento, que el reflejo solo representaba la imagen de lo que los demás querían que fuésemos, que lo que veíamos no éramos nosotros, si no lo que las masas habían hecho de nosotros. Yo no comprendí lo que dijo y me pasé un día entero con el ceño fruncido pensando en ello, hasta que comenzó a dolerme la cabeza.

Cuando al día siguiente llamé a su timbre esperando una explicación, sonrió, me revolvió el pelo y dijo que, quizás era demasiado pequeña para comprender. Y así pues, me quedé con la duda.

Tiene un piano de cola en casa que nunca le he oído entonar, pero estoy segura de que acaricia todas sus teclas cada vez que pasa a un lado y recuerda la dulce melodía que podría hacer sonar.

Cada mañana oigo sus pies descalzos caminar de la cama a la cocina, que amanecen entumecidos por el frío, adornados con sus uñas pintadas de negro.

Lo miércoles siempre come pollo frito de pie frente al fregadero. Pollo frito y puré de patata.

Mi vecina del 5ºC no tiene nada de especial, hace galletas de chocolate cuando se siente abandonada, porque prefiere no pensar en ello; le encantan las manzanas rojas y para desayunar siempre escoge tostadas con crema de cacahuete.

Es consciente de su desequilibrio emocional, aunque solo en parte. Ni lo afirma ni lo desmiente, evita las cosas que le hacen pensar.

Oh, ¿no os lo he dicho aún? Se llama Victoria. Lo supe por el buzón porque nunca he escuchado a nadie llamarla, bueno, en verdad creo que nadie se fija lo suficiente en ella. Quizás nadie la ha llamado nunca…Toda una vida sin escuchar un ‘Victoria, ábreme’, ‘Victoria, ¡ven aquí!’ o ‘Victoria, te necesito’…Hola, Victoria.

Tengo la impresión de que le gusta su rutina. Todas las mañanas se levanta sobre las ocho, desayuna sus tostadas, coge el autobús y va a donde quiera que vaya, vuelve para comer y se va otra vez sobre las cuatro para volver a las seis y merendar.

Alguna vez la he visto en el paso de cebra que pasa por delante de mi colegio. Se queda mirando las caras anónimas de la gente que conduce dentro del coche. Gente que escucha música a un volumen extremadamente alto, que piensa en cosas que poco o nada tienen que ver con que ella les observe. Y luego Victoria, mirándoles, queriendo comprenderles quizás, queriendo memorizar sus rostros, para que, así, formen parte de su vida sin ellos saberlo.

Mi vecina del 5ºC le recita monólogos a su propia sombra. Sabiendo que nunca tendrá la posibilidad de contárselos a nadie más, aprovecha y debate de cosas importantes de verdad, como que faltan papeleras en las calles, que los autobuseros nunca dicen ‘buenos días’ cuando subes o que el precio de la crema de cacahuete y el coste de la vida han subido de verdad.

¿No os encanta el frío? A Victoria sí. Le fascina el frío, la nieve, las horas arropada y atrapada entre mantas, las mejillas y nariz sonrosadas, incluso ama sus rizos encrespados.

Dicen que la gente es más feliz en invierno porque el frío ralentiza los sentidos. Quizá sea por eso que le gusta tanto…Aunque no sé si creérmelo, porque Victoria hace más galletas de chocolate, si cabe, en esta época. Puede que tan solo sea que tiene más tiempo libre…

Sonríe más cuando es invierno. Cuando es invierno o simplemente llueve y el suelo está mojado, y las baldosas, esas baldosas que sus piececitos pisan tan cuidadosamente, burlonas, producen sonidos extraños. Y Victoria ríe y ríe y yo me la imagino riendo aún más, y yo también, con ella, me río entonces.

Ella se pregunta cómo se verá la ventana con la luz encendida de su cuarto desde fuera los días de invierno, esos días en los que incluso a los alérgicos a la lactosa como mamá les apetece chocolate caliente con churros…Curioso que se lo pregunte, teniendo en cuenta que llevo siete de los diez años que tengo queriendo averiguar algo que, después de observarla tan detalladamente, sigo sin saber. ‘Dime, Victoria, ¿cómo ves tú, tan diferente que eres a todos nosotros, el mundo desde la ventana de tu 5ºC?’

Relato que presenté a un concurso y no ganó. Una pena.

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