~1~

Tengo ya los dedos cansados

y

el pulso enredado

con los latidos del corazón.

Tengo ya el alma vieja

y

el pensamiento débil

de no vivir,

de no

querer

vivir.

Y es que en nada se diferencia mi vida

de una máquina tragaperras

que solo tiene

sandías,

limones

y peras

para un pobre ludópata

que siempre quiere

más

y más.

Y aquí me siento,

perdida,

como en otro viernes

cualquiera.

Como si fuera un poeta al que

le ha abandonado

su musa

y le sobran dedos

para contar los días

que le quedan.

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