Déjame que te cuente

Ven, acércate. Te voy a contar que todo eso de la soledad y su silencio es una pantomima, una mentira, una historia inventada por aquellos que no tienen con quién compartir su tiempo. Ven y deja que te abrace. Te diré que si alguna vez lo has sentido, no ha sido sino el reflejo de la oscuridad en alguna lágrima no derramada escondida muy dentro de ti. Y que el silencio, aquel dichoso silencio amarrado a la soledad, era el eco de la lágrima cayendo al vacío de tu interior. Así que no te sientas solo.

No te vayas, agárrate fuerte a mi. Te susurraré al oído y haré que tus fantasmas se alejen despacio, tan lento como mis palabras vayan fluyendo de mi boca a tus oídos y hagan que entre nosotros el tiempo se pare y el ruido, el tica-tac del reloj, se funda con todo lo que no seamos ni tú ni yo.

Acomoda tu cabeza en el hueco que hay entre mi pecho y mi cuello, en el lado izquierdo, y escucha. Lo que te digo, lo que ahora escribo, te lo cuenta mi corazón en un sin fin de latidos que riman con una tarde de lluvia y tus noches de tormenta.

Deja que te diga en un suspiro que la distancia en realidad no existe y que simplemente es la percepción errónea de un camino del que no ves el final. Deja que te diga que no hay distancia alguna si todo lo que amas está dentro de ti.

 

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