~5~

A veces,

imagino mi vida

como una gran

sala que

siempre está

vacía.

Hay eco

allí dentro

y hace frío,

pero yo

no me quejo,

nunca.

Temo abrir

los ojos

y ver lo

que ya sé.

Temo alzar

la voz

y escuchar

el eco.

O no escucharlo

y, sencillamente,

encontrarme

con que ni siquiera

yo estoy

ahí.

A veces,

cuando veo

mi vida vacía,

lejos de todo,

recuento los

pasos que hay

desde el lugar

donde me

escondo

hasta la ventana

y me salen

las cuentas

exactas.

Pero, por enésima vez,

lloro hasta

el agoto

y aparto

ese pensamiento,

lo doblo y lo guardo

para otro día.

Entonces me

quedo dormida,

en una esquina

de mi sala

vacía,

dando gracias

de nuevo

por que

me de más miedo

morir,

que seguir viviendo.

 

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