Tu ratonera.

Vivo en una ratonera. Pero una de las caras. Está muy bien equipada con la rueda, su tobogán de colores y una segunda planta con un chalet que nunca consigo alcanzar porque tengo las patas demasiado cortas. Lo cierto es que no me falta de nada, podría decirse incluso que tengo suerte ¿no creéis?

Mi comida cae del cielo así que en todo el día no tengo nada que hacer. Creo que si pasara más tiempo en la rueda podría dedicarme al culturismo. Pero no, quita, quita, esos cuerpos prefabricados a base de anabolizantes no van conmigo. Yo soy más de repanchingarme sobre la arena y los trozos de periódico con olor a mis propios excrementos y esperar a que pase algo…no sé, cualquier cosa.

A veces miro hacia fuera, ya sabéis, para pasar el rato, y entreveo por los barrotes a la gente que se ocupa de cuidarme. Siempre van de un lado para otro entre ésas cuatro tupidas paredes, ocupados, haciendo cosas que en realidad no son verdaderamente importantes. Supongo que mientras están distraídos con sus quehaceres evitan mirar hacia fuera y ver lo que verdaderamente temen, lo que se están perdiendo, lo que han perdido y lo que son y nunca quisieron ser.

Después de éso vuelvo a mi rueda, a mi hogar bañado de heces porque supongo que soy feliz aquí. No tengo nada más que hacer que preocuparme por seguir respirando.

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