Carroña

Hace tempo vi un buitre

pululando a mi alrededor.

Un buitre con la cabeza alta,

que entre sonrisas y miradas

vigilaba cada paso

que avanzaba.

Un ave carroñera que,

cada vez más cerca,

arrojaba su putrefacto aliento

sobre mi cara.

Misma ave,

mismo demonio bajo ese triste atuendo

que, cruel, buscaba mi carne,

la carroña de mi cuerpo.

Olió, sin yo quererlo,

mi corazón podrido,

abrió mi pecho,

y despacio,

me arrancó lo que de él quedaba.

Salió despavorido

dejándome ahí,

tendida en el suelo,

alegre, en parte,

por no poder sentir.

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