Autoficción.

Ya estoy medio muerta. Alguien me dotó desde el inicio de miedo a vivir y el parto duró 48 horas. Hubiera nacido otro precioso día de julio, en viernes, y no sábado anhelante del merecido (o no, quién sabe) descanso.

Como nací, viví (algo había que hacer): con pereza, letargo, cansancio y sueño.  Eso sí, soñaba, soñaba muchísimo (como si no hubiera un mañana; porque de hecho, para mí como si nada), por mi mente pasaban todas mis vidas posibles que, sin embargo, nunca llegaron a ser.

Y así, medio muerta, en medio del eje de un mundo que gira asombrosamente rápido, miro la vida y no me devuelve la mirada.

 

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6 comentarios en “Autoficción.

  1. Sé de qué se trata. Se trata de las mañanas que acaban con la calma de los sueños y las pesadillas, porque aún las pesadillas, o mejor, la certeza de que eso son y nada más, hacen parte de esa calma en la que todos nos encontramos. El sueño, ese territorio aun no gobernado por la realidad, se convierte en el único escenario de fuga ante el destino para muchos inevitable que es la vida.

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