Sonata del claro de luna, Yannis Ritsos.

(Una noche de primavera. La habitación grande de una vieja casa. Una mujer de edad, vestida de negro, le habla a un hombre joven. No han encendido la luz. Por ambas ventanas entra una despiadada luz de luna. Olvidé decir que la Mujer de Negro ha publicado dos o tres interesantes colecciones de poesía sacra. Y bien, la Mujer de Negro le habla al Joven):

Deja que vaya yo contigo. ¡Qué luna la de esta noche!

Es benévola la luna-no se notará

que mis cabellos han encanecido. La luna

los hará rubios de nuevo. No te enterarás.

Deja que vaya yo contigo.

 

Cuando hay luna las sombras crecen en la casa,

manos invisibles corren las cortinas,

un dedo escribe suave sobre el polvo del piano

olvidadas palabras-no quiero oírlas. Calla.

 

Deja que vaya yo contigo,

déjame bajar un poco, hasta la tapia de la fábrica de ladrillos,

hasta el lugar donde tuerce el camino y surge

la ciudad enjalbegada y etérea, blanca a la luz de la luna,

tan indiferente, tan inmaterial,

tan verosímil y tan metafísica

que finalmente puedes creer que existes y no existes

que nunca has existido, que no ha existido el tiempo ni su deterioro.

Deja que vaya yo contigo.

(…)

Sonata del claro de luna, Yannis Ritsos. Traducción de Selma Ancira. Editorial Acantilado (2008).

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