Y qué problema hay en desearlo todo;

qué culpa tengo o me recorre

si ansío cada segundo palabras y silencio.

Si no me decido,

si pregunto por mí, porque no me reconozco,

porque no sé

no sé ser sólo una.

Tengo en las manos laberintos y en cada ojo

una respuesta distinta.

Qué puedo decir,

si mi nombre resulta a veces impronunciable

e incluso así,

es la única palabra que me define.

Ya basta.

Ya basta de pedir perdón por estas manos

por estos ojos

por este nombre.

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