Y qué problema hay en desearlo todo;

qué culpa tengo o me recorre

si ansío cada segundo palabras y silencio.

Si no me decido,

si pregunto por mí, porque no me reconozco,

porque no sé

no sé ser sólo una.

Tengo en las manos laberintos y en cada ojo

una respuesta distinta.

Qué puedo decir,

si mi nombre resulta a veces impronunciable

e incluso así,

es la única palabra que me define.

Ya basta.

Ya basta de pedir perdón por estas manos

por estos ojos

por este nombre.

La valentía

Voy a hacer algo que no he hecho nunca.

Voy a abrir la puerta. Y la cerraré. Y volveré a abrirla.

Escucharé tu voz al otro lado y prometo no idealizar tu beso de bienvenida.

Miraré esas flores cada día de mi vida, hasta que mi vida no sea esta.

Cada día te enseñaré una nueva palabra grabada en mi cuerpo de una lengua que no existe excepto en mi memoria. Y tendrás que entrar en mí para averiguar su significado oculto.

Dejaré que me llames por todos mis nombres. Y miel y deseo y ojalá no sonarán extraños en mi oído.

 

 

El peso de las sonrisas de esta casa.

Vuelvo siendo

cimientos y alegría

de esta casa,

cuando hace tiempo

que ya no sé

sostener ni sonreír.

Arrastro mi vida

por los lugares comunes,

llenándolos de la inocencia,

de la pulcritud

que ya no tengo.

Quito el polvo a los abrazos,

cierro cajones,

entorno puertas.

Y me voy consumida,

con mi hogar a cuestas,

a recomponerme lejos,

para volver y zurcir

la vida de otros.

Para mis restos.

Ya que estoy aquí, en los preliminares de la vida, sin cuentos en mis manos ni historias que rezar. Ya que el miedo a vivir me paraliza, y muy a mi pesar, me obligo a dolerme sólo por sentir algo. Ya que todo pasa y nada me alcanza, nada me llena, nada me espera, nada me tienta. Ya que me encuentro sin hacer nada, escandalizada por el ruido de la calle y la gente presurosa por miedo al agua que cae. Ya que como sin hambre y vago sin rumbo por la casa. Ya que los susurros me ensordecen y el silencio mordaz ensancha los agujeros de mi alma. Ya que mis bolsillos no guardan recuerdos de ayer, ni anhelos de mañana. Ya que te busco y no me encuentro. Ya que el sueño se ha vuelto un tesoro para este cuerpo cansado de vivir. Ya que la voz se me quiebra cada vez que escribo y es lo único que siempre bombeó mi corazón. Desde hoy y para mis restos, papelitos míos, tinta mía, palabras mías, para “alma” no existe sinónimo que no sea “poesía”.

Romántico Satán.

Romántico Satán

robó algo más de lo que se propuso;

hizo temblar algo más de lo que pretendía;

evocó algo más de lo que esperaba.

Romántico Satán se prometió sin saberlo

soltar las mariposas enjauladas

en mis entrañas,

envolvió en el pecado

más negro y sediento mis noches.

Y se fue como vino,

sin avisar,

sigiloso,

imprevisto.

Vaivén de mi tiempo.

Tic,

Tac,

Paredes que se mueven.

Tic,

Tac,

Una melodía que desconozco.

Tic,

Tac,

Su pelo enredado,

sus manos tocando,

y no a mí.

Tic,

Tac,

Tiempo que transcurre,

tiempo que inevitablemente

se escapa.

Tic,

Tac,

Cigarros que se consumen,

Neblina que ahoga.

Tic,

Tac,

Palabras

que no se atreven a salir.

Tic, tac.

Chimeneas que no calientan.

Frío. Frío en el alma.

Tic, tac.

Tic, tac.

Agujas que nunca se movieron.

 

Crisis.

Hoy, 19 de septiembre del maldito 2013,

me encuentro aquí,

sentada en el suelo de mi cuarto

que ya no será más mío;

buscando algo de firmeza en el papel,

a sabiendas de que me voy por que os quiero,

porque os necesito,

pero me necesito mucho más a mí.

Me pregunto qué cojones he hecho con mi vida,

que me cabe toda entera en una sola maleta;

en qué mierdas he perdido el tiempo,

que ha hecho que la poesía se escape de mí;

que esa magia que dicen que tengo

no sea tan fuerte

como para producir un precioso insomnio con rima.

Por qué me dan tanto miedo los papeles en blanco

y soy incapaz de coger un bolígrafo,

sentar a mi musa frente a mí

y decirle que la quiero,

que la quiero con toda mi alma;

que no puedo perderme,

que si me pierdo no soy nada,

que si me marcho

es para convencerla de que se quede conmigo,

que no me abandone nunca más,

que yo no quiero una vida sin poesía.