On the road

Mi casa vacía es tu casa vacía. 

Tulsa. Oda al amor efímero.


He dispuesto toda mi miseria en un escrupuloso orden lógico-cronológico de causa-efecto, para que acudas a ella siempre que quieras justificar cualquier previsión de guerra o para encontrar respuestas a un motín.

Represento sobre mi piel todas las cicatrices, para que las lamas o huyas a tiempo.

He compuesto mi sonata de invierno, la historia de esta vida que hoy, aún, es mía y mañana…qué sé yo.

Defino cientos de kilómetros cada día, cada noche. Invento palabras nuevas que nunca alcanzan. Desgasto palabras exactas como “lluvia” o “frío”. Y no hallo combinación coherente que describa el sentido de tus brazos vacíos, de mis brazos vacíos.

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Y qué problema hay en desearlo todo;

qué culpa tengo o me recorre

si ansío cada segundo palabras y silencio.

Si no me decido,

si pregunto por mí, porque no me reconozco,

porque no sé

no sé ser sólo una.

Tengo en las manos laberintos y en cada ojo

una respuesta distinta.

Qué puedo decir,

si mi nombre resulta a veces impronunciable

e incluso así,

es la única palabra que me define.

Ya basta.

Ya basta de pedir perdón por estas manos

por estos ojos

por este nombre.

La valentía

Voy a hacer algo que no he hecho nunca.

Voy a abrir la puerta. Y la cerraré. Y volveré a abrirla.

Escucharé tu voz al otro lado y prometo no idealizar tu beso de bienvenida.

Miraré esas flores cada día de mi vida, hasta que mi vida no sea esta.

Cada día te enseñaré una nueva palabra grabada en mi cuerpo de una lengua que no existe excepto en mi memoria. Y tendrás que entrar en mí para averiguar su significado oculto.

Dejaré que me llames por todos mis nombres. Y miel y deseo y ojalá no sonarán extraños en mi oído.

 

 

El peso de las sonrisas de esta casa.

Vuelvo siendo

cimientos y alegría

de esta casa,

cuando hace tiempo

que ya no sé

sostener ni sonreír.

Arrastro mi vida

por los lugares comunes,

llenándolos de la inocencia,

de la pulcritud

que ya no tengo.

Quito el polvo a los abrazos,

cierro cajones,

entorno puertas.

Y me voy consumida,

con mi hogar a cuestas,

a recomponerme lejos,

para volver y zurcir

la vida de otros.

Para mis restos.

Ya que estoy aquí, en los preliminares de la vida, sin cuentos en mis manos ni historias que rezar. Ya que el miedo a vivir me paraliza, y muy a mi pesar, me obligo a dolerme sólo por sentir algo. Ya que todo pasa y nada me alcanza, nada me llena, nada me espera, nada me tienta. Ya que me encuentro sin hacer nada, escandalizada por el ruido de la calle y la gente presurosa por miedo al agua que cae. Ya que como sin hambre y vago sin rumbo por la casa. Ya que los susurros me ensordecen y el silencio mordaz ensancha los agujeros de mi alma. Ya que mis bolsillos no guardan recuerdos de ayer, ni anhelos de mañana. Ya que te busco y no me encuentro. Ya que el sueño se ha vuelto un tesoro para este cuerpo cansado de vivir. Ya que la voz se me quiebra cada vez que escribo y es lo único que siempre bombeó mi corazón. Desde hoy y para mis restos, papelitos míos, tinta mía, palabras mías, para “alma” no existe sinónimo que no sea “poesía”.

Romántico Satán.

Romántico Satán

robó algo más de lo que se propuso;

hizo temblar algo más de lo que pretendía;

evocó algo más de lo que esperaba.

Romántico Satán se prometió sin saberlo

soltar las mariposas enjauladas

en mis entrañas,

envolvió en el pecado

más negro y sediento mis noches.

Y se fue como vino,

sin avisar,

sigiloso,

imprevisto.

Vaivén de mi tiempo.

Tic,

Tac,

Paredes que se mueven.

Tic,

Tac,

Una melodía que desconozco.

Tic,

Tac,

Su pelo enredado,

sus manos tocando,

y no a mí.

Tic,

Tac,

Tiempo que transcurre,

tiempo que inevitablemente

se escapa.

Tic,

Tac,

Cigarros que se consumen,

Neblina que ahoga.

Tic,

Tac,

Palabras

que no se atreven a salir.

Tic, tac.

Chimeneas que no calientan.

Frío. Frío en el alma.

Tic, tac.

Tic, tac.

Agujas que nunca se movieron.