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Tardes de Junio

A veces vengo aquí a leer. Traigo una mochila vacía y me siento a crear paradigmas más míos que de otras voces.
A veces me siento aquí a leer.

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Y así me ordeno.

Voy a meter en un tarrito cada parte de mi vida que se vio afectada por ti. Meteré ahí también todo lo que me dejaste y para lo que no encontré un lugar apropiado.

Quiero meter en un tarrito todo lo bueno y lo malo; todo lo bueno y lo peor. Quiero aislarlo para que ya nada de ti me toque, porque nada de ti que no quiera me hace falta.

Encontraré un lugar para dejarlo. Una balda quizá, donde corra un poco el aire y le de el Sol.

Prometo visitarlo de vez en cuando.

Para mis restos.

Ya que estoy aquí, en los preliminares de la vida, sin cuentos en mis manos ni historias que rezar. Ya que el miedo a vivir me paraliza, y muy a mi pesar, me obligo a dolerme sólo por sentir algo. Ya que todo pasa y nada me alcanza, nada me llena, nada me espera, nada me tienta. Ya que me encuentro sin hacer nada, escandalizada por el ruido de la calle y la gente presurosa por miedo al agua que cae. Ya que como sin hambre y vago sin rumbo por la casa. Ya que los susurros me ensordecen y el silencio mordaz ensancha los agujeros de mi alma. Ya que mis bolsillos no guardan recuerdos de ayer, ni anhelos de mañana. Ya que te busco y no me encuentro. Ya que el sueño se ha vuelto un tesoro para este cuerpo cansado de vivir. Ya que la voz se me quiebra cada vez que escribo y es lo único que siempre bombeó mi corazón. Desde hoy y para mis restos, papelitos míos, tinta mía, palabras mías, para “alma” no existe sinónimo que no sea “poesía”.

A veces pienso en ti.

Cuando estoy sola a veces pienso en ti.

Ayer te encontré, resulta.

Te encontré en el gotelé de mi cuarto, en un rincón, casi en una esquina.

Te encontré y te miré a los ojos. Me atreví, ya ves.

O quizá no.

Fue sólo un segundo, pero ahora cada resquicio de estas cuatro paredes huele a ti.

Te hablé y me hablaste.

No recuerdo qué fue. No recuerdo qué.

Otra vez

te quedaste inmóvil al borde del camino.

Y me quedé esperando, como una tonta.

Hasta que desapareciste.

Pensamientos sobre unas escaleras.

Fragmento de mi diario, mañana del 22 de agosto de 2014. Sobre unas escaleras.

 

Aquí cada uno con lo suyo. Soy gilipollas, pero debo renacer.

Otra vez.

Renacer está bien. Aunque él me importe. Otro gilipollas.

De gilipollas está plagado el mundo, y tuve la maldita suerte, pereza y soberana dicha de encontrarme con él.

Precisamente.

Con él, que encajaba. Que ni de amante repudiado le hubiera dado la espalda.

Pero la vida es así,

¡cómo explicarlo!

Vivir duele. Tanto que acaba matando.

Pues eso. Mientras, me quedo matándome un poquito, me enciendo un cigarro (uno tras otro) hasta que vuelvas a pasarte por aquí o te delates y muera, que de algo hay que morir.

‘La senda del perdedor’

A veces haces que me pregunte si seré capaz de escribir un poema, el poema que haga llorar a los hombres bajo sus corazas de hierro. Pongo en duda mi capacidad de sentir y plasmarlo en un trozo de papel inútil e inservible porque tus pasos siempre han ido delante de mi. Las dudas que van dejando tus pies descalzos se han sellado en el camino y ahora condicionan mi senda.

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Home, sweet home.

Mi hogar lo llevo a cuestas, mamá, como los caracoles. Así que siento decirte que cuando vuelva a casa no me escucharás decir ‘home, sweet home’ como hice cuando me fui. He conseguido salir de mi infierno y no voy a volver. No tengo planificada mi vida hasta que me muera, ni si quiera estoy segura de lo que comeré hoy, y sin embargo me va bien. Tengo mi aire, mi luz, mi tiempo y mi espacio y eso es suficiente.

Llevo mi hogar a cuestas, mamá, y eso es todo lo que necesito…Lo llevo dentro de mí. Se llama Poesía. 

Por esta noche con eso basta.

Riégame esta noche

De tus secretos mejor guardados;

Suéltate el pelo en mi almohada

Que hoy tengo el corazón lisiado.

Necesito palabras de calor,

Esnifar el color de las flores

Para evitar el daño

Que se cuela entre las rendijas de palabras

Escondidas en el fondo de los vasos.

Muéstrame el jardín de las almas solitarias

Y quedémonos ahí por un rato

Que hoy no quiero promesas de amor,

Hoy no quiero más leyendas urbanas.